Columna: Una persona no tiene autismo, es autista

Por Sandra Urra Águila
Directora programa prosecución de estudios Educación Diferencial
Universidad Andrés Bello

El Día del Orgullo Autista busca relevar el sentido de pertenencia a un colectivo y valorar la existencia de la neurodiversidad. Para esto debemos saber que la neurodiversidad está compuesta por dos grandes grupos. Por una parte, el grupo neurotípico, es decir, aquellas personas cuyos cerebros perciben, procesan e interpretan los estímulos de la manera más habitual o mayoritaria. Esto no es el equivalente a ser las «normales» o las «correctas», sino simplemente son aquellas que funcionan de forma similar a la mayoría. Por lo mismo, este grupo rara vez encuentra dificultades en un mundo diseñado desde una lógica adultocéntrica, neurotípica y, muchas veces, predominantemente masculina.

Por otra parte, están las personas neurodivergentes, cuyos cerebros procesan e interpretan la información de una manera distinta, no porque algo esté incorrecto en ellos o necesiten ser corregidos. Simplemente funcionan diferente. Sin embargo, al desenvolverse en un entorno construido para cerebros neurotípicos, encuentran barreras importantes. El gran desafío, entonces, es cómo construimos espacios verdaderamente inclusivos para todos y todas.

El Día del Orgullo Autista se celebra desde 2005 y constituye una oportunidad para desestigmatizar el autismo, desprenderlo de estereotipos y caricaturizaciones, y visibilizar la presencia de las personas autistas en los distintos espacios de la sociedad. No desde discursos como «podría ser tu hijo» o «alguien cercano», sino desde el reconocimiento de la persona autista como un legítimo otro u otra.

Es importante dejar atrás ideas erróneas, como que las personas autistas no tienen interés en relacionarse, que carecen de emociones o que no muestran intereses. Todo aquello es falso. Del mismo modo, tampoco es correcto asumir que todas las personas autistas son necesariamente más brillantes o más capaces. Lo que corresponde es reconocer que existen infinitas formas de vivir el autismo. Como suele decirse, si conociste a una persona autista, no conociste el autismo en su totalidad solo a una persona.

También es necesario comprender que el autismo no es lineal. No se es más o menos autista como si se pudiera subir o bajar el volumen de un televisor. Cuando hablamos de niveles 1, 2 o 3, nos referimos a los distintos apoyos que una persona puede requerir según sus características y contexto.

Todo esto nos invita a reflexionar sobre qué estamos haciendo como sociedad para garantizar los derechos de todas las personas, incluyendo a quienes forman parte de la neurodivergencia. Es un desafío enorme que tensiona a las comunidades educativas, a la educación superior y al mundo laboral. Pero también es una oportunidad para impulsar cambios que reconozcan la diversidad que nos conforma.

Se trata de asegurar que los derechos sean verdaderamente inalienables y universales, entendidos como derechos humanos y no como privilegios determinados por la forma en que una persona se relaciona con el entorno a través de su cerebro. Porque el autismo no es algo que se «tiene». Se es una persona autista y se vive una vida autista. Reconocer y valorar esa identidad es, en definitiva, lo que este día significa.

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