Columna: ¿Por qué los hermanos pelean tanto?

Por Daniela Estobar
Académica Escuela Terapia Ocupacional
Universidad Andrés Bello

Las peleas entre hermanos son una de las situaciones más frecuentes dentro de las familias y, aunque muchas veces preocupan a padres y cuidadores, especialistas señalan que forman parte normal del desarrollo infantil. Lejos de significar falta de cariño, estos conflictos suelen relacionarse con procesos de maduración emocional, búsqueda de atención y aprendizaje de habilidades sociales.

Durante la primera infancia, los niños aún están desarrollando la capacidad de regular emociones como la rabia, la frustración y los celos, por lo que las discusiones suelen ser más impulsivas e intensas. Además, entre hermanos aparece naturalmente cierta rivalidad por la atención, el reconocimiento y el afecto de los adultos.

Sin embargo, estas experiencias también permiten desarrollar habilidades fundamentales como negociar, esperar turnos, resolver conflictos y aprender empatía. Las relaciones entre hermanos suelen transformarse en uno de los primeros espacios donde niños y niñas aprenden sobre convivencia y manejo de conflictos.

El problema aparece cuando los conflictos son constantes, muy agresivos o cuando los adultos intervienen desde la comparación o el favoritismo. Especialistas advierten que comparar hermanos puede generar rivalidad, frustración y afectar la autoestima.

Frente a estas situaciones, se recomienda que los padres o cuidadores no busquen rápidamente “culpables”, sino que acompañen el conflicto enseñando formas saludables de resolver diferencias. Mantener la calma, escuchar a ambas partes, validar emociones y establecer límites claros frente a agresiones físicas o verbales suele ser más efectivo que castigos impulsivos. También es importante evitar etiquetas como “el conflictivo” o “el sensible”, ya que pueden reforzar dinámicas negativas dentro de la familia.

Estas interacciones se comprenden como parte del aprendizaje social y emocional. Más que evitar completamente las peleas, el desafío está en acompañarlas de manera respetuosa y segura, ayudando a que niños y niñas desarrollen herramientas para convivir, comunicarse y resolver conflictos a lo largo de su vida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *