En 2025, la concentración promedio anual de MP2,5 en Chile fue 3,4 veces superior al valor
recomendado por la Organización Mundial de la Salud. En el marco del Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul, Greenpeace advierte sobre la urgencia de avanzar -y de no retroceder- en la protección ambiental.
Santiago, 08 de Septiembre de 2026.- Pese a los avances informados recientemente por el Ministerio de Medio Ambiente, respirar aire limpio sigue siendo un desafío para Chile. Al presentar el balance del periodo de Gestión de Episodios Críticos (GEC), la cartera destacó que la Región Metropolitana registró el tercer año con menos horas de episodios críticos desde la implementación del primer Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA), en 1997. Sin embargo, parte importante de esta mejora estuvo asociada a las lluvias: tras un mayo y junio especialmente secos y con mayores niveles de contaminación, las precipitaciones de julio superaron ampliamente un año normal y contribuyeron a limpiar el aire de la capital.
El problema, además, va mucho más allá de Santiago. Según el último Informe Mundial de Calidad del Aire de IQAir, en 2025 Chile registró una concentración promedio anual de material particulado fino (MP2,5) de 17,2 µg/m³, 3,4 veces el valor recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El país se ubicó en el puesto 54 entre 143 países y territorios analizados, mientras Coyhaique,
Nacimiento, Cochrane, Pitrufquén y Loncoche figuraron entre las ciudades más contaminadas de la
región.
Estas cifras cobran especial relevancia este 7 de septiembre, cuando Naciones Unidas conmemora el
Día Internacional del Aire Limpio por un cielo azul, una fecha que busca poner atención sobre uno de los principales riesgos ambientales para la salud humana.
El MP2,5 está compuesto por partículas tan pequeñas que pueden penetrar profundamente en los
pulmones e ingresar al torrente sanguíneo. De hecho, la OMS ha documentado que la exposición a este contaminante está asociada a efectos cardiovasculares, cerebrovasculares y respiratorios, y que la exposición prolongada también se vincula al cáncer de pulmón.
La doctora en Salud Pública y magíster en Ciencias Biológicas con mención en Ciencias Ambientales, Sandra Cortés, explica que el problema no está únicamente en los episodios puntuales de alta contaminación, sino también en la exposición repetida a lo largo del tiempo. “Desde la epidemiología, esto implica que aumenta la carga de enfermedad atribuible a la contaminación del aire, ya que no estamos frente a exposiciones aisladas, sino a una exposición repetida y acumulativa que incrementa progresivamente el riesgo de enfermar y morir prematuramente”, señala.
Según la especialista, los efectos pueden acompañar a las personas durante todo su ciclo vital. Niños y niñas, mujeres embarazadas, personas mayores y quienes viven con enfermedades respiratorias ocardiovasculares se encuentran entre los grupos más vulnerables, a los que se suman quienes trabajan durante gran parte del día al aire libre.
Dos normas para avanzar en protección que siguen pendientes
En este escenario, dos de los 43 decretos ambientales retirados de Contraloría por el Ejecutivo en marzo pasado adquieren especial relevancia: el D.S. N°3/2026, que revisa la Norma Primaria de Calidad del Aire para MP2,5, y el D.S. N°8/2025, que actualiza la norma de emisión para centrales termoeléctricas.
Ambos instrumentos apuntan a fortalecer las herramientas con que cuenta el país para enfrentar la
contaminación atmosférica: uno elevando el estándar de calidad del aire para el contaminante fino que respira directamente la población y el otro actualizando las exigencias aplicables a las emisiones provenientes de centrales termoeléctricas.
Por esta razón, Greenpeace advierte que mantener estas normas pendientes de tramitación significa
postergar avances necesarios para proteger la salud de las personas. “Cuando hablamos de
contaminación del aire, hablamos de algo tan básico como respirar sin que eso nos enferme. Chile
conoce hace años los efectos del MP2,5 y sabe que necesitamos avanzar hacia estándares más
protectores. Por eso resulta incomprensible que normas destinadas justamente a reducir esa exposición sigan esperando. En protección ambiental no podemos retroceder ni conformarnos con lo que tenemos: necesitamos avanzar. Ni un paso atrás significa precisamente eso”, señala Silvana Espinosa, experta en Clima y Ecosistemas de Greenpeace.
Desde una perspectiva sanitaria, Cortés es enfática sobre las consecuencias de retrasar la actualización de la norma de MP2,5: “Mantener estándares menos exigentes significa aceptar niveles más altos de contaminación y, por lo tanto, una mayor carga de enfermedad atribuible a esta exposición. Esto se traduce en más consultas de urgencia, hospitalizaciones y muertes prematuras por enfermedades respiratorias, cardiovasculares y otras condiciones crónicas asociadas a la contaminación del aire”.
Una preocupación que comparte Yuri Carvajal, presidente del Departamento Nacional de Medio
Ambiente del Colegio Médico de Chile: “Es una medida que lamentamos y así lo hemos manifestado a las autoridades. Es realmente paradójico que se retire una norma de material particulado que es
cancerígeno y (a la vez) se decrete alerta sanitaria por cáncer”.
Los expertos explican que las consecuencias de una mala calidad del aire tampoco terminan en la salud individual. Los episodios de contaminación generan una mayor demanda sobre el sistema sanitario, con más consultas de urgencia, hospitalizaciones, uso de medicamentos y atención especializada. A ello se suman efectos económicos indirectos como el ausentismo laboral y escolar, la discapacidad asociada a enfermedades crónicas y los años de vida perdidos por mortalidad prematura.
“Las inversiones en reducción de emisiones, mejora de la calidad del aire y fortalecimiento de las
regulaciones ambientales generan beneficios sanitarios, sociales y económicos que superan
ampliamente sus costos iniciales. En otras palabras, controlar la contaminación no debe verse como un
gasto, sino como una inversión en salud pública”, sostiene Cortés.
Para Greenpeace, el Día Internacional del Aire Limpio es también un recordatorio de que la protección de la salud y del medio ambiente requiere políticas permanentes y estándares capaces de avanzar al ritmo de la evidencia científica. “No podemos normalizar que respirar aire contaminado sea parte de la vida cotidiana de millones de personas. Tenemos evidencia, conocemos sus efectos y contamos con herramientas para avanzar. Lo mínimo es no retroceder en protecciones que el país ya había construido.
Estos decretos deben volver a su tramitación y convertirse en herramientas efectivas para que respirar no siga siendo un riesgo para la salud”, concluye Espinosa.








