Por Klgo. MSc. René Rivera Rivera
Director de la Carrera de Kinesiología
Universidad Santo Tomás
Cada octubre, el rosa se instala en edificios, campañas y redes sociales. Es un símbolo valioso, que sacó el cáncer de mama del silencio. Pero corre un riesgo: que el cuidado de la salud se vuelva estacional y se apague con la llegada de noviembre. El cáncer no conoce calendarios, y nuestra respuesta tampoco debería conocerlos.
Una parte importante del cáncer es evitable. A comienzos de 2026, un análisis de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) estimó que cerca del 38 % de los casos diagnosticados en el mundo se asocia a factores de riesgo modificables, como el tabaco, el alcohol, las infecciones prevenibles, el exceso de peso y la inactividad física.
Como Kinesiólogo Oncológico, destaco uno de ellos, a menudo subestimado: el movimiento. Un estudio con más de 1,4 millones de adultos mostró que una mayor actividad física se asocia a menor riesgo de 13 tipos de cáncer, entre ellos los de mama, colon y pulmón. Moverse no es solo una recomendación cardiovascular: es prevención oncológica al alcance de todos, incluso considerando adaptaciones.
Muchos cánceres frecuentes, además, pueden detectarse antes de dar síntomas, cuando el tratamiento es menos agresivo y las posibilidades de curación son mayores. En Chile, el Examen de Medicina Preventiva es gratuito y está garantizado por ley para personas afiliadas a Fonasa o a una Isapre. Incluye el Papanicolaou cada tres años entre los 25 y 64 años, y la mamografía cada tres años entre los 50 y 59, hoy sin necesidad de orden médica.
Sé que estas herramientas no bastan por sí solas. La cobertura sigue siendo insuficiente, el acceso es
desigual entre regiones y muchas personas postergan sus controles por falta de tiempo o por temor.
La prevención requiere sistemas que acerquen los exámenes a la población y equipos de salud que hablen de cáncer sin esperar a que aparezca.
Propongo, entonces, tres compromisos que trasciendan octubre. A cada persona: agendar su examen preventivo y moverse más cada día. A los equipos de salud: preguntar por los controles pendientes y prescribir actividad física con la seriedad de un fármaco. Y a las universidades: seguir formando profesionales que entiendan la prevención como parte esencial del cuidado.
El rosa nos recuerda una causa; que el resto del año nos recuerde un hábito. Hablar de cáncer en enero, en junio o en noviembre no es alarmismo: es la forma más concreta de proteger la vida, la autonomía y el tiempo que tenemos por delante.










