Marcos Almonacid Burgos
Secretario de Estudios de la Carrera de Ingeniería Civil Industrial
Universidad Autónoma de Chile Sede Temuco
Vivimos en un mundo que se mueve a una velocidad vertiginosa. Queremos respuestas inmediatas, soluciones rápidas, resultados sin demora. Nos hemos acostumbrado tanto a la inmediatez que, cuando las cosas no suceden en el tiempo que deseamos, sentimos frustración. Pero ¿qué pasa con aquellas oportunidades que no vienen de manera instantánea, que requieren paciencia, esfuerzo y perseverancia?
Hace muchos años, mi hijo, que en ese entonces tenía cuatro años, me dio una valiosa lección sobre cómo afrontar los desafíos y aprovechar las oportunidades, la que sigue resonando en mi vida hoy. Estábamos en la cocina, y mientras mi esposa y yo nos preparábamos para cocinar, él jugaba en el armario de las herramientas de aseo, entrando y saliendo con entusiasmo, fingiendo que estaba en un ascensor. Para evitar cualquier riesgo y que saliera de la cocina, le dije de manera improvisada que el ascensor se había «roto». Su respuesta no fue de frustración o enojo, como uno podría esperar de un niño de su edad. En su lugar, salió rápidamente de la cocina, solo para volver un minuto después con unas herramientas de juguete y me dice: Buenas tardes, “soy el técnico y vengo a reparar el ascensor».
Ese simple gesto me enseñó algo profundo: frente a los obstáculos, podemos optar por rendirnos o ser creativos, buscar nuevas soluciones y, sobre todo, esperar el momento adecuado para actuar. Mi hijo no se detuvo ante la barrera que le puse, sino que encontró la forma de sortearla y continuar jugando, solo que de una manera diferente.
Estamos tan acostumbrados a tener todo al alcance de un clic, a obtener respuestas inmediatas gracias a la tecnología, que olvidamos que las mejores oportunidades, las que realmente marcan la diferencia, no suelen aparecer de manera rápida ni sencilla. En la vida, a menudo es necesario esperar, aprender, prepararse y, cuando finalmente llegue el momento, aprovecharlo con toda nuestra energía.
La frustración que sentimos cuando las cosas no salen como esperamos a menudo está vinculada a nuestras expectativas inmediatas.
Queremos que los ascensores siempre funcionen, que las puertas siempre estén abiertas, que las oportunidades caigan en nuestras manos sin esfuerzo. Sin embargo, las verdaderas oportunidades no funcionan de esa manera. A veces, el «ascensor» de la vida se detiene, y es en esos momentos cuando debemos decidir si nos frustramos o encontramos las herramientas para seguir adelante.
Además, hay algo que solemos pasar por alto: no todas las oportunidades llegan en el momento que queremos. Algunas requieren tiempo, preparación, paciencia y, sobre todo, saber esperar. La inmediatez a la que estamos acostumbrados puede llevarnos a perder de vista el valor del esfuerzo constante, del crecimiento paulatino.
Los grandes logros, tanto en el ámbito personal como profesional, no suelen suceder de la noche a la mañana. Necesitan de ese «aire» de paciencia y dedicación, de entender que no todo tiene que ser rápido para ser exitoso. A veces, el simple hecho de esperar el momento adecuado puede ser lo que marque la diferencia entre una oportunidad bien aprovechada y una frustración innecesaria.









