Por Juan Videla Alfaro
Máster en Salud Mental, Facultad Enfermería
Universidad Andrés Bello
El estrés es una respuesta normal ante una exigencia, ya que activa la atención y puede ayudar a resolverla. No es, por sí solo, una enfermedad. La señal de alerta aparece cuando la tensión persiste en el tiempo incluso al disminuir el problema, el descanso ya no alivia y el malestar interfiere con el sueño, el estudio o el trabajo, las relaciones o el cuidado personal.
Entre los síntomas, irritabilidad, cansancio continuo, dificultades para concentrarse, dolores musculares o molestias digestivas pueden acompañarlo. Ningún síntoma aislado confirma un diagnóstico, por lo que una evaluación profesional debe descartar causas físicas y determinar si existe, por ejemplo, ansiedad, depresión o un trastorno de adaptación.
Los datos chilenos muestran por qué importa atender estas señales. En la encuesta de 2025 del Termómetro de Salud Mental Achs-UC, la medición de abril de 2025, el 25,8% mostró síntomas moderados o severos de ansiedad. Y el 12,7% presentó indicios de malestar psicológico. Son estimaciones obtenidas con instrumentos de tamizaje en población adulta urbana, no diagnósticos clínicos ni una medida directa del estrés.
Por otra parte, la Superintendencia de Seguridad Social informó que los trastornos mentales representaron el 33,1% de las licencias médicas electrónicas emitidas en 2024: un indicador de impacto laboral, no de prevalencia en la población.
¿Qué hacer? Si los síntomas duran varias semanas, empeoran o afectan la vida diaria, conviene pedir hora en el CESFAM o consultar a un profesional de salud mental; no es necesario esperar a “tocar fondo”.
La atención permite comprender qué sostiene el malestar y acordar apoyos, como psicoterapia, cambios en las condiciones laborales o cotidianas y, en algunos casos, medicamentos indicados por profesionales. Mientras tanto, puede ayudar mantener horarios de sueño, realizar actividad física posible, hacer pausas, reducir el consumo de alcohol y otras sustancias, y hablar con alguien de confianza.
Estas medidas apoyan, pero no reemplazan la consulta si hay deterioro. Si hay pensamientos de hacerse daño o peligro inmediato, se debe acudir a urgencias o pedir ayuda de inmediato a una persona cercana.









