Columna: Universidad y pensamiento crítico, formar para el desacuerdo responsable

Por Mg. Humberto Salas Jara
Director Corporativo de Vinculación con el Medio
Universidad Autónoma de Chile

Los recientes hechos de confrontación entre estudiantes universitarios y una autoridad pública, ampliamente rechazados, no solo interpelan conductas, sino que obligan a examinar el rol formativo de la educación superior. Más allá de estos episodios, emerge una tensión sobre cómo estamos formando a los futuros profesionales para interactuar en espacios públicos, deliberar y procesar críticamente la realidad. Esto exige fortalecer el pensamiento crítico como una competencia central de la formación universitaria, estrechamente vinculada a la tolerancia y el respeto como pilares de la convivencia democrática.

En un contexto de transformaciones tecnológicas y creciente complejidad social, la universidad enfrenta un desafío trascendental que implica formar ciudadanos capaces de deliberar con rigor y actuar con responsabilidad, integrando análisis, juicio y ética frente al conocimiento. Esto implica evaluar evidencia, reconocer sesgos y construir posiciones fundamentadas, pero también dialogar desde la diferencia, sostener desacuerdos con respeto y comprender la diversidad como un valor. Mas aun, en una era de sobreabundancia informativa, esta capacidad será clave en profesionales íntegros y ciudadanos responsables.

Sin embargo, estas competencias no se desarrollan de forma espontánea, requieren intencionalidad y una mediación docente que promueva la reflexión y el aprendizaje profundo, propiciando experiencias formativas significativas. En este proceso, la vinculación con el entorno cumple un rol estratégico. Dado que la interacción con problemáticas reales permite integrar saberes, contrastar perspectivas y decidir en contextos complejos. Así, el estudiante deja de ser receptor pasivo y se convierte en actor que construye conocimiento en diálogo con otros.

La generación de estos espacios es clave para el desarrollo del pensamiento crítico, pues permite al profesional en formación enfrentarse a diversos contextos, desarrollando habilidades cognitivas, empatía, responsabilidad, tolerancia y respeto por otros saberes o perspectivas.

El desafío de las universidades del mañana entonces se sustenta en articular formación, investigación y vinculación como un sistema de aprendizaje crítico. Esto implica empoderar y formar docentes como mediadores del pensamiento reflexivo. Supone, además, consolidar experiencias formativas que promuevan el diálogo, la tolerancia y el respeto como base de la vida democrática. En este horizonte, la Vinculación con el Medio deja de ser complementaria y se vuelve estructural, siendo un espacio donde el conocimiento se contrasta y resignifica en interacción con otros. Solo así proveeremos a la sociedad de profesionales capaces de comprender la complejidad y actuar con responsabilidad, respeto y sentido público.

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