Por Mg. Humberto Salas Jara
Director Corporativo de Vinculación con el Medio
Universidad Autónoma de Chile
Hablar de sostenibilidad en la educación superior ya no es una consigna estética, es una necesidad impostergable para el futuro de nuestra sociedad. Las universidades, históricamente concebidas como espacios de pensamiento crítico y producción de conocimiento, enfrentan hoy un desafío que tensiona su misión formativa, sus modelos de gestión y su vínculo con la sociedad, dado que deben preparar profesionales capaces de actuar en un mundo marcado por retos ambientales, brechas sociales, transformaciones tecnológicas vertiginosas, desafíos institucionales y cívicos.
Durante décadas se redujo la sostenibilidad a la dimensión ambiental, como si se tratara solo de reciclar, plantar árboles o medir la huella de carbono. Sin embargo, el concepto contemporáneo es integral, toda vez que articula el desarrollo equilibrado de las personas y las comunidades, la responsabilidad en el uso de recursos, la participación y convivencia respetuosa, el bienestar y la integridad, además del cuidado del entorno natural. Es, en esencia, una forma de comprender el desarrollo y la vida colectiva desde la responsabilidad y la corresponsabilidad.
En este marco, la formación de profesionales sostenibles o agentes de cambio implica más que transmitir contenidos; demanda desarrollar pensamiento sistémico, sensibilidad ética, habilidades colaborativas, capacidad de anticipación y competencias para actuar en contextos complejos y diversos. Significa educar para comprender interdependencias, cuestionar inercias y promover transformaciones. Supone reconocer que cada disciplina posee un impacto social que debe asumirse críticamente.
Pero nada tendrá coherencia si las instituciones no encarnan además la sostenibilidad en su propia gestión. La gobernanza, los mecanismos de toma de decisiones, la asignación de recursos, la relación con los territorios, la investigación y las políticas de personas deben considerar gradualmente estos principios. No se trata solo de innovar en el aula, se trata de que la institución misma modele un futuro posible. Universidades abiertas, con criterios de trato justo, con campus que promuevan el bienestar, con investigación de utilidad social, con relaciones colaborativas y responsables con sus entornos, forman parte del estándar que la sociedad hoy comienza a demandar.
En consecuencia, la sostenibilidad exige visión de largo plazo y disposición para revisar y transformar estructuras, comprendiendo que los desafíos no son solo ambientales, son también sociales, económicos, políticos, éticos y culturales. Por esto, incorporarla no es solo un complemento del currículo, sino una condición para garantizar que la educación superior siga siendo pertinente, legítima y socialmente necesaria.









