Viña del Mar, 06 de Noviembre de 2026.- Aunque sus primeros síntomas pueden confundirse con un resfrío común, el coqueluche o tos convulsiva es una enfermedad respiratoria altamente contagiosa que puede provocar complicaciones graves, especialmente en recién nacidos y lactantes.
Ante el aumento de casos detectado en algunas ciudades del país, reconocer sus señales de alerta, adoptar medidas preventivas y mantener al día el calendario de vacunación son acciones fundamentales para evitar su propagación y proteger a los grupos más vulnerables.
Valeska Lucero, académica de la carrera de Enfermería de UDLA Sede Viña del Mar, explica que el coqueluche es una infección respiratoria causada por la bacteria Bordetella pertussis, que se caracteriza por provocar episodios de tos intensa y repetitiva que pueden prolongarse durante varias semanas. Si bien puede afectar a personas de cualquier edad, los menores de seis meses presentan un mayor riesgo de desarrollar complicaciones, debido a que su sistema inmunológico aún está en desarrollo y no han completado sus primeras dosis de vacunación.
En los casos más graves, la enfermedad puede causar neumonía, dificultades respiratorias e incluso poner en riesgo la vida de los lactantes.
“La principal dificultad del coqueluche es que, durante sus primeros días, puede confundirse con una infección respiratoria común. Esto hace que muchas personas no sospechen que tienen la enfermedad y continúen con sus actividades habituales, favoreciendo el contagio”, comenta la académica.
Cómo se transmite y cuáles son sus principales síntomas
La transmisión del coqueluche ocurre de persona a persona, a través de pequeñas gotas respiratorias que se expulsan al toser o estornudar, principalmente cuando existe contacto con alguien infectado. Un aspecto importante es que adolescentes y adultos pueden presentar síntomas leves y transmitir la bacteria sin saber que tienen la enfermedad.
Durante los primeros días, el coqueluche suele manifestarse con congestión nasal secreción por la nariz y tos leve. Sin embargo, a medida que avanza la infección, la tos puede volverse más intensa, frecuente y difícil de controlar. En algunos casos, se presentan ataques repetidos que dificultan la respiración, provocan vómitos o generan un sonido agudo al intentar tomar aire después de toser.
“En los lactantes, los síntomas pueden ser diferentes y no siempre se manifiestan con ataques de tos. Es posible que presenten pausas en la respiración, dificultades para alimentarse o cambios en la coloración de los labios y la piel. Estas señales deben ser reconocidas por las familias, ya que requieren atención médica de urgencia”, advierte la profesional. Asimismo, ante una tos persistente o que empeora progresivamente, se recomienda consultar oportunamente en un centro de salud.
Vacunación y medidas de prevención
La vacunación es una de las herramientas fundamentales para prevenir las formas graves del coqueluche. En Chile, el Programa Nacional de Inmunizaciones del Ministerio de Salud contempla vacunas gratuitas contra esta enfermedad en distintas etapas de la vida.
Durante la infancia, el esquema considera la vacuna hexavalente a los 2, 4 y 6 meses, además de una dosis de refuerzo a los 18 meses. Posteriormente, se administran nuevas dosis de protección en primero y octavo básico, mediante la vacuna dTpa.
La inmunización durante el embarazo también cumple un papel relevante. En el país se recomienda que todas las mujeres reciban la vacuna dTpa a partir de la semana 28 de gestación.
“Es fundamental que las embarazadas reciban la vacuna, porque los anticuerpos que transmiten a sus hijos les entregan protección durante una etapa en que son especialmente vulnerables. También es importante que las familias revisen el calendario de inmunizaciones y acudan a los centros de salud para cumplir con las dosis correspondientes”, señala Lucero.
Junto con la vacunación, existen hábitos cotidianos que contribuyen a disminuir el riesgo de transmisión. Entre ellos se encuentran el lavado frecuente de manos, cubrirse la boca y la nariz con el antebrazo al toser o estornudar, mantener los espacios cerrados ventilados y evitar visitas y el contacto cercano con recién nacidos y lactantes cuando se presentan síntomas respiratorios.
La académica enfatiza que la prevención requiere la participación de toda la comunidad, no solo de madres, padres y cuidadores. “Reconocer los síntomas, consultar oportunamente, respetar las recomendaciones de vacunación y adoptar medidas de cuidado son acciones que permiten reducir el riesgo de contagio y evitar complicaciones asociadas a esta enfermedad”, recalca.










