Por Cristian Salomó Gonzalez, director nacional (s) del Instituto de Seguridad Laboral
Cada 7 de octubre conmemoramos el Día del Trabajo Decente, una fecha que nos invita a reflexionar sobre las condiciones en que desarrollamos nuestras labores y, especialmente, sobre la importancia de que todas y todos podamos trabajar en espacios seguros y saludables.
Hablar de Trabajo Decente es hablar también de Seguridad y Salud en el Trabajo. Toda actividad laboral implica determinados riesgos, pero lo que debemos evitar es que estos se traduzcan en daños para la vida y la salud de las y los trabajadores. Para ello, es fundamental identificarlos, evaluarlos y adoptar oportunamente las medidas de resguardo y control necesarias. La prevención, por tanto, no puede ser entendida únicamente como el cumplimiento de una obligación, sino como una responsabilidad permanente que debe estar presente en cada decisión y en cada espacio laboral.
En Chile hemos avanzado en esta materia. La Política Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo 2024-2028 establece entre sus principales objetivos el fortalecimiento de una cultura preventiva, la gestión de los riesgos laborales, la incorporación del enfoque de género y diversidad, la protección de la salud mental y la generación de espacios libres de violencia y acoso. A ello se suma la entrada en vigencia del Decreto Supremo 44, que moderniza la gestión preventiva y fortalece la responsabilidad de las entidades empleadoras en la identificación de peligros, evaluación de riesgos y adopción de medidas de control, con participación de las y los trabajadores.
Estos avances nos muestran que la prevención debe ser una tarea permanente y compartida. Las entidades empleadoras tienen un rol fundamental en proporcionar condiciones de trabajo seguras y saludables; las y los trabajadores deben participar activamente en la gestión preventiva; y el Estado, junto con las instituciones que forman parte del sistema de Seguridad y Salud en el Trabajo, contribuye a que esta protección se materialice.
Desde el Instituto de Seguridad Laboral, como organismo público administrador del Seguro Social contra Riesgos de Accidentes del Trabajo y Enfermedades Profesionales establecido en la Ley 16.744, cumplimos un papel concreto en esta tarea. Nuestra labor contempla acciones de prevención, asesoría técnica y capacitación, además de la cobertura médica y económica establecida por la ley para las personas protegidas por el Seguro.
Pero la prevención tiene un alcance que va mucho más allá del lugar donde se desarrolla una jornada laboral. Detrás de cada persona que sale a trabajar existe una familia, personas que esperan su regreso al hogar. Prevenir un accidente o una enfermedad de origen laboral significa, por tanto, proteger no solo a quien trabaja, sino también a quienes forman parte de su vida y dependen de su bienestar.
Esta mirada nos obliga a seguir avanzando hacia una cultura preventiva en la que la seguridad y la salud sean parte de la forma en que entendemos el trabajo. Identificar los peligros, evaluar los riesgos y adoptar medidas de control no son acciones aisladas: son decisiones que pueden marcar la diferencia entre una jornada de trabajo segura y una consecuencia que afecte para siempre a una persona y a su familia.
El Trabajo Decente nos plantea precisamente ese desafío: construir relaciones laborales donde la seguridad, la salud y los derechos de las personas ocupen un lugar central. Como servicio público, tenemos la responsabilidad de contribuir a ese propósito, fortaleciendo la prevención y acercando las herramientas de protección a quienes las necesitan.
En este Día del Trabajo Decente, el llamado es a comprender que un trabajo seguro y saludable no es un privilegio ni un elemento secundario de la actividad laboral. Es un derecho. Y protegerlo es una responsabilidad que nos involucra a todas y todos.










