Economía: La industria de la nuez se prepara para una primavera más lluviosa y con mayor presión sanitaria

Las proyecciones de precipitaciones y temperaturas sobre lo normal podrían favorecer el
desarrollo de enfermedades en los nogales del centro-sur. Durante el III Día de Campo de
ChileNut, investigadores, asesores y productores analizaron los manejos que deberán anticiparse
antes de la brotación para reducir los riesgos de la próxima temporada.

Santiago, 07 de Agosto de 2026.- La presencia del fenómeno de El Niño, que continuaría intensificándose durante los próximos meses, y el desplazamiento de las lluvias hacia fines de invierno y primavera configuran una temporada que exigirá mayor anticipación por parte de los productores de nueces, especialmente desde el Maule hacia el sur.

En la jornada, realizada en San Clemente, especialistas revisaron las proyecciones climáticas, los
avances frente a la peste negra y la necrosis apical café o BAN, y las medidas que ya están
adoptando los campos.

Paula Santibáñez, investigadora del Centro de Agricultura y Medio Ambiente de la Universidad de
Chile, explicó que El Niño marca tendencias, pero no entrega certezas. Actualmente existe una alta
probabilidad de que se desarrolle con una intensidad entre moderada y fuerte, mientras las lluvias
tenderían a desplazarse hacia fines del invierno y la primavera.

Las temperaturas levemente superiores a lo normal durante el invierno también podrían afectar la
calidad del reposo y adelantar la brotación. Más adelante, las ondas de calor, las altas temperaturas nocturnas y el estrés diurno podrían reducir el calibre y la producción.

“Es muy importante revisar permanentemente las condiciones de humedad relativa, temperatura
y precipitación, no solo a nivel diario, sino también horario. Esa información permite programar
mejor las labores de control fitosanitario”, señaló Santibáñez.

La lluvia puede cambiar la magnitud del daño
La peste negra es causada por la bacteria Xanthomonas arboricola pv. juglandis, que encuentra
condiciones favorables para multiplicarse cuando existe agua libre, lluvia o alta humedad.

Ernesto Moya Elizondo, fitopatólogo y profesor asociado de la Universidad de Concepción,
presentó resultados obtenidos en un huerto Chandler de Negrete, Región del Biobío. En una
temporada con 150,2 milímetros de precipitaciones entre octubre y diciembre, la incidencia
alcanzó 65,2% en árboles sin tratamiento. En otra, con 42,7 milímetros durante el mismo periodo,
llegó a 22,3%.

“Los síntomas pueden aparecer cinco, siete o incluso quince días después de que ocurrió la
infección. Por eso, el manejo debe comenzar antes de que sean visibles”, explicó Moya.
Las investigaciones también identifican a las yemas dormantes como una de las principales fuentes
de inóculo. A esto se suma la existencia de poblaciones con resistencia al cobre y a distintos
antibióticos, lo que refuerza la necesidad de combinar monitoreo, prácticas culturales, control
biológico y herramientas químicas.

“El manejo integrado es la mejor herramienta. Hay que combinar distintas prácticas durante la
temporada y definir nuevos momentos de aplicación y alternativas que permitan mejorar el
control”, sostuvo.

Ventilación, calibración y oportunidad
La experiencia de los productores confirma que aumentar las aplicaciones no garantiza por sí solo
un mejor resultado.

Max Grohnert, gerente agrícola en Agrícola El Volcán, relató que en cerca de 500 hectáreas
manejadas en la zona sur han registrado pérdidas de entre 10% y 30% por peste negra.
La observación de huertos jóvenes les permitió identificar una menor incidencia en sectores con
mayor entrada de luz y circulación de aire. Por ello, la preparación para esta temporada se ha
concentrado en la poda, la apertura de las copas y la calibración de los equipos pulverizadores.

“Todo lo que hagamos debe ser preventivo. Cuando la enfermedad ya se instaló en el fruto, existe
una alta probabilidad de que ese fruto termine cayendo”, agregó Grohnert.

Calidad frente a un mercado más competitivo
El desafío sanitario coincide con un escenario comercial de mayor competencia. De acuerdo con
Juan Esteban Rodríguez, presidente de ChileNut y representante de Exportadora Walnutje, la
producción mundial de nueces alcanzaría cerca de 3,05 millones de toneladas en 2026, frente a
2,91 millones en 2025.

El aumento de la oferta internacional ha presionado los precios y permite anticipar retornos
inferiores a los de la temporada anterior. En este contexto, las pérdidas productivas y los
problemas de calidad adquieren un impacto mayor.

“Chile es parte del mercado mundial y, si los precios bajan, también nos afecta. Sin embargo,
tenemos una ventaja importante: la calidad de la nuez chilena es reconocida internacionalmente”,
afirmó Rodríguez.

Una respuesta conjunta de la industria
Ante este escenario, ChileNut conformó una mesa técnica para sistematizar los conocimientos
disponibles, compartir experiencias e identificar nuevas alternativas de prevención, monitoreo y
manejo.

Macarena Pons, gerenta de ChileNut, explicó que el gremio busca conectar la experiencia
productiva con el trabajo de la academia, los asesores y las empresas vinculadas al sector.

“Tenemos que enfrentar este problema entre todos, combinando la experiencia de quienes ya lo
han vivido, el conocimiento de la academia y la información climática. Nuestro objetivo es
entregar mejores herramientas para que los productores puedan manejarlo de manera eficiente”,
sostuvo.

El III Día de Campo reunió estas miradas antes de una temporada en que la lluvia, las temperaturas
y la oportunidad de cada labor podrían marcar diferencias entre los huertos. El desafío será transformar esa información en decisiones oportunas para reducir el daño sanitario y resguardar
la calidad de la nuez chilena.

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