Un equipo de la Escuela de Alimentos y de la Escuela de Ingeniería Bioquímica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), desarrolló una plataforma capaz de transformar este subproducto de la industria cárnica en colorantes naturales, en una proteína que puede cambiar la textura de algunos alimentos y en péptidos bioactivos antioxidantes.
Valparaíso, 05 de Agosto de 2026.- ¿Qué tienen en común un colorante natural, una proteína capaz de mejorar la textura de los alimentos y un compuesto con potencial antioxidante? Aunque parezca difícil de creer, todos provienen del mismo lugar: la sangre de cerdo.
Eso es precisamente lo que logró un equipo de investigadores de la Escuela de Alimentos y de la Escuela de Ingeniería Bioquímica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), mediante el desarrollo de “Bloodref”, una plataforma tecnológica que permite valorizar este subproducto de la industria cárnica y transformarlo en tres ingredientes de alto valor, con potenciales aplicaciones en la industria alimentaria y, a futuro, en el ámbito farmacéutico.
El primero de estos productos corresponde a un concentrado rico en hemoglobina que puede utilizarse como colorante natural para alimentos. Su desarrollo se inserta en la tendencia de la industria alimentaria hacia ingredientes de origen natural y formulaciones “clean label”, impulsada por consumidores que buscan productos con ingredientes reconocibles y menos aditivos artificiales.
En este escenario, han cobrado relevancia las alternativas naturales frente a colorantes sintéticos como Ponceau 4R o Eritrosina, que en algunos mercados enfrentan restricciones regulatorias o una percepción negativa por parte de la población. Este colorante podría utilizarse en salchichas, hamburguesas y alimentos para mascotas.
El segundo ingrediente corresponde a una fracción proteica obtenida a partir del plasma de la sangre de cerdo. Para obtenerla, el plasma es sometido a un proceso biotecnológico que combina hidrólisis enzimática y separación por membranas, permitiendo concentrar proteínas y fragmentos de mayor tamaño con propiedades espumantes y emulsionantes.
Gracias a estas características, este ingrediente puede aportar estabilidad y texturas suaves y cremosas en productos como postres, mayonesas y otros aderezos. El tercer ingrediente corresponde a los fragmentos proteicos de menor tamaño (péptidos bioactivos), que en cultivos celulares demostraron reducir aproximadamente en un 50% el estrés oxidativo en células sometidas a radicales libres, evidenciando su actividad biológica.
«Nosotros hablamos de un «nache biotecnológico», porque tomamos un recurso que tradicionalmente se ha utilizado de una sola forma y, mediante biotecnología, somos capaces de separar cada uno de sus componentes para darles aplicaciones específicas y de mucho mayor valor», explica el director del proyecto y director de la Escuela de Alimentos de la PUCV, Dr. Andrés Córdova.
El investigador destaca que uno de los principales resultados está precisamente en la versatilidad del desarrollo. “No desarrollamos un producto; desarrollamos una plataforma tecnológica capaz de transformar un subproducto de bajo valor en distintos ingredientes especializados, dependiendo de las necesidades de la industria”, señala.
De acuerdo con las estimaciones del proyecto, esta tecnología permitiría multiplicar hasta 15 veces el valor económico actual de este subproducto. Esta estimación considera el rendimiento del proceso desarrollado y el valor comercial potencial que tendrían, de manera conjunta, los tres ingredientes obtenidos —un colorante natural, una proteína funcional y un compuesto bioactivo— en comparación con el precio actual de la sangre de cerdo como materia prima.
Del laboratorio al escalamiento
Los resultados obtenidos hasta ahora permiten avanzar hacia una nueva etapa de la investigación. En el caso de los péptidos bioactivos, el equipo logró comprobar su actividad antioxidante a nivel celular, abriendo una línea de estudio para determinar su potencial como ingrediente funcional. Sin embargo, estos resultados corresponden todavía a ensayos de laboratorio y no permiten establecer efectos en animales o personas.
Alejandra Arancibia, investigadora postdoctoral de la Escuela de Ingeniería Bioquímica de la PUCV, explica que una parte fundamental de esta investigación fue evaluar el comportamiento del compuesto bioactivo directamente en células vivas, avanzando desde sus características químicas hacia la comprobación de su actividad biológica. “A través de cultivos celulares in vitro podemos evaluar primero su capacidad tóxica, determinar dosis inocuas y posteriormente analizar su incidencia sobre procesos como el estrés oxidativo.
Esto nos permite pasar de un compuesto químico con características antioxidantes medidas a observar su capacidad antioxidante real en una célula viva”, señala.
A partir de esta evidencia, el desafío será continuar avanzando en las validaciones necesarias para determinar sus posibles aplicaciones, junto con el escalamiento piloto de la tecnología y el abordaje de los aspectos regulatorios necesarios para evaluar, junto a la industria, los usos específicos de los ingredientes obtenidos.









