Columna: Nunca es tarde para mejorar la pronunciación

Por David Toloza
Académico Escuela de Fonoaudiología
Universidad Andrés Bello

Aún persiste la creencia de que los problemas para pronunciar sonidos como la «r», la «l», la «d» o la «s» no tienen solución una vez alcanzada la adultez. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que esta idea es un mito. Gracias a la neuroplasticidad, el cerebro mantiene durante toda la vida la capacidad de aprender y modificar habilidades, incluido el habla.

La principal dificultad no radica en que el cerebro adulto haya perdido esa capacidad, sino en que los movimientos necesarios para producir ciertos sonidos se transforman en hábitos automáticos después de años de repetición. Por ello, el tratamiento consiste en reemplazar ese patrón por uno nuevo mediante un aprendizaje consciente, guiado y sistemático.

A diferencia de la infancia, cuando la adquisición del lenguaje ocurre de manera espontánea, los adultos deben prestar atención a aspectos como la posición de la lengua, el paso del aire y el movimiento de los labios. Aunque este proceso puede requerir más tiempo, también presenta ventajas importantes como que existe mayor motivación, mejor capacidad para seguir instrucciones y una mayor conciencia de los propios errores.

Antes de iniciar una terapia es fundamental realizar una evaluación fonoaudiológica completa. No todos los problemas de pronunciación tienen un origen funcional; pueden existir alteraciones dentales, del frenillo lingual, dificultades auditivas u otras condiciones que requieren un abordaje específico. Tratar un sonido sin conocer la causa del problema puede afectar los resultados.

La terapia combina entrenamiento articulatorio, discriminación auditiva y práctica intensiva hasta automatizar el nuevo movimiento. Cuando no existen causas neurológicas y el paciente mantiene constancia, el pronóstico suele ser favorable.

Si la pronunciación afecta la comunicación, el desempeño académico o laboral, o genera inseguridad, es recomendable consultar con un fonoaudiólogo. Nunca es tarde para mejorar el habla; simplemente cambia la forma en que el cerebro aprende.

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