Por Felipe Miranda Rendic, country manager de LGF Chile
Los recientes incendios forestales que han afectado gravemente a la región del Biobío vuelven a exponer una realidad que no se puede relativizar. Detrás de cada cifra hay familias que, en cuestión de horas, perdieron sus hogares, sus fuentes de ingreso y la estabilidad construida durante años.
Mientras bomberos y brigadistas trabajan para contener la emergencia, surge una pregunta inevitable: ¿qué rol le corresponde a la industria logística en un escenario como este?
La respuesta es clara: un rol estructural.
La logística no es solo una actividad orientada a la eficiencia económica. Es una infraestructura crítica del país. Las capacidades que el sector ha desarrollado – centros de distribución, flotas de transporte, sistemas de trazabilidad, planificación de rutas y redes de abastecimiento – son exactamente las que se requieren cuando una emergencia impacta directamente a comunidades completas y el margen de error se reduce al mínimo.
Hoy el Biobío enfrenta un desafío de enorme complejidad: recibir, clasificar y distribuir grandes volúmenes de ayuda humanitaria hacia zonas afectadas, muchas veces con accesos dañados y necesidades urgentes. Para las familias que lo perdieron todo, la oportunidad y consistencia en la llegada de esa ayuda no es un detalle operativo: es un factor decisivo para recuperar condiciones mínimas de vida.
Los centros de distribución del sector pueden operar como nodos de acopio temporal, permitiendo ordenar, priorizar y despachar donaciones con criterios profesionales. Las redes de transporte, que diariamente movilizan mercancías a escala nacional, pueden reorientarse para llevar agua, alimentos, medicamentos y materiales de emergencia hacia los territorios más afectados. Y el conocimiento técnico acumulado -optimización de rutas, gestión de picos de demanda, resolución de cuellos de botella- se vuelve crítico cuando los recursos son escasos y el tiempo apremia.
Pero la responsabilidad de la industria no se agota cuando se controla la emergencia. Para muchas familias, la etapa más compleja comienza después: reconstruir un hogar, reactivar un ingreso, restablecer vínculos productivos. La reconstrucción del Biobío será un proceso largo y desigual, y la logística puede contribuir de manera concreta facilitando el transporte de materiales, apoyando a pequeños emprendedores locales y ayudando a reactivar cadenas de suministro comunitarias.
La sostenibilidad no se limita a lo ambiental. También es social y territorial. La industria logística opera gracias a la confianza del país y de las comunidades en las que está inserta. Cuando esas comunidades se ven golpeadas, la respuesta no puede ser individual ni fragmentada.
Por eso, el llamado es a una acción coordinada del sector. Trabajar con autoridades locales, organizaciones de la sociedad civil y otros actores productivos para maximizar el impacto de la ayuda. Compartir capacidades, información y recursos, entendiendo que en escenarios de crisis la colaboración no es una opción reputacional, sino una responsabilidad estratégica.
Porque cuando Chile enfrenta una emergencia, la logística -como sistema- no puede mirar al costado.









