País: Mujeres STEM de las regiones de Antofagasta y Atacama promueven vocaciones científicas en el norte de Chile

Antofagasta, 24 de Noviembre de 2021.- Alejandra Rojas nació en Antofagasta y es astrónoma e investigadora postdoctoral en la Universidad de Antofagasta. Bárbara Sepúlveda nació en Copiapó y es ingeniera en computación del Observatorio ALMA. Karina Páez nació en Huasco y es ingeniera civil en informática y estudiante de magíster en informática y ciencias de la computación. Todas ellas hoy buscan inspirar a nuevas generaciones de niñas y mujeres del norte de Chile con inquietudes en disciplinas del área STEM.

¿Qué empuja a mujeres formadas en disciplinas como la ingeniería, la informática y la matemática a abandonar el norte de Chile? Frenar esta “fuga de talentos femeninos” es precisamente el desafío que abrazan tres mujeres de Antofagasta, Copiapó y Huasco, todas miembros de la Red de Mentoras PROVOCA, una iniciativa que lidera AUI/NRAO, socios norteamericano del observatorio ALMA, para incentivar la equidad de género en el mundo científico.

Hacen falta más modelos de rol de mujeres científicas en carreras históricamente masculinizadas, especialmente en las denominadas STEM o ciencias duras -como ingeniería, informática y matemática-, que se formen y se queden en el norte de Chile, un territorio privilegiado como laboratorio natural. Así piensan Alejandra Rojas, astrónoma e investigadora postdoctoral en la Universidad de Antofagasta; Bárbara Sepúlveda, ingeniera en computación del Observatorio ALMA en Atacama; y Karina Páez, ingeniera civil en informática y estudiante de magíster en informática y ciencia de la computación en Freirina.

Alejandra Rojas es una de las mentoras PROVOCA, iniciativa que busca promover vocaciones STEM en niñas. Ella fue becada por más de dos años por el Observatorio Europeo Austral (ESO) y hoy es doctora en astrofísica. Trabaja desarrollando un proyecto conjunto de Postdoctorado Fondecyt compartido entre la Universidad de Antofagasta (UA) y la Universidad Diego Portales (UDP). “Estuve dos años estudiando la actividad de los agujeros negros súper masivos, las propiedades del material expulsado por esta actividad y cómo podría esto afectar la formación de estrellas en las galaxias”, explica Alejandra.

Si bien por largo tiempo pensó en ser médico, finalmente Alejandra eligió la astronomía. Es la segunda de tres hermanas, una abogada y otra historiadora. “Yo soy la única científica. Tuve el ejemplo de mi mamá que es médico y mi papá que es ingeniero en minas. Ambos me motivaron el amor por la ciencia. Jamás pensé en no estudiar. Sabíamos que había que estudiar para ser autónomas”. A los cinco años de casada y en pleno doctorado, Alejandra enviudó y fue en la ciencia donde encontró la motivación para salir adelante. De regreso en su ciudad natal, hoy busca impulsar la astronomía en Antofagasta, para así retener a más profesionales que se forman en esta disciplina en el norte del país. Además, trabaja en la preparación de otros proyectos como un taller escolar con apoyo de la Biblioteca Regional que combinará el arte en acuarela y las galaxias.

Por su parte, la ingeniera Bárbara Sepúlveda del observatorio ALMA, se confiesa una apasionada por la computación desde su infancia, cuando estudiaba en Chañaral. Egresó del colegio como técnico computacional y más tarde estudió en Santiago análisis de sistemas, para luego volver a Copiapó. “A los 20 fui mamá y decidí estudiar y trabajar. Tuve el valioso apoyo de mi mamá para salir adelante con mi hijo. Pese a que mis papás no fueron profesionales siempre nos dijeron la importancia de tener un cartón. Hay que romper con el estigma de que la matemática y la física son para hombres. Las habilidades van mas allá del género. Yo me he movido en ambientes muy integradores y pienso que es un desafío difundir las carreras STEM como ingenierías, física o química”. Hoy termina su tesis de magíster en ingeniería industrial y se asume como una apasionada del running.

Por último, Karina Páez es ingeniera civil en informática y cursa un magíster en informática y ciencias de la computación. Trabaja en la escuela Emilia Schwabe, en Freirina, como profesora de matemática de sexto a octavo básico. Vive con sus padres y tiene dos hermanas, una ingeniera en prevención de riesgo y la otra profesora de historia. Cuenta que su madre es profesora general básica y su padre profesor de matemática y física. “Toda mi vida ha estado ligada a la educación. Como ingeniera me dedicaré a dar clases en la universidad, ojalá aquí mismo. Freirina es una comuna aún muy arraigada a lo campestre y persiste una férrea cultura machista que hace más difícil la tarea de motivar a las nuevas generaciones. Como profesora trato de incentivar a las niñas para que estudien una carrera y mejoren su futuro. Nuestro norte está muy asociado a la minería y es una ciencia muy importante, pero no es la única. Tenemos que abrir los horizontes de nuestros niños, niñas y jóvenes”, finaliza

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