Opinión: Como ser concejal y no morir en el intento, por Patricio Huerta, Vicepresidente de la Comisión de Concejales de la Asociación Chilena de Municipalidades

Parafraseando la película española dirigida por Ana Belén y protagonizada por Carmen Maura “Como ser mujer y no morir en el intento”, en la política chilena, los concejales también tenemos que hacer de todo: Atender público, fiscalizar las acciones municipales, visitar a nuestras comunidades, trabajar en nuestros oficios y profesiones, hacer familia, participar en las reuniones de partido, entre otras cosas.

Sin embargo, los concejales, somos las autoridades electas a las cuales los medios de comunicación han cuestionado con mayor celo. Y esto no es una crítica a los medios, porque es parte de su función. Estoy seguro que el cuestionamiento obedece a la conducta de un sector minoritario de concejales, que han abusado de ciertas prerrogativas y han profundizado la imagen de desprestigio de nuestras actividades, dañando nuestra credibilidad y generando una animadversión de la opinión pública.

Pero en defensa del quehacer del concejal, debo decir que la mayoría de nosotros, que estamos en la base de la institucionalidad Estatal, somos los más cercanos a la gente, tenemos una aproximación privilegiada con la ciudadanía, especialmente con aquellas familias más vulnerables, que cotidianamente acuden al municipios, muchas veces muy apesadumbrados y encuentran en nosotros una herramienta que orienta y ordena las soluciones. Esto lo hacemos con la convicción que es imposible sostener una sociedad democrática, sin la participación de un cuerpo colegiado tan importante como el concejo municipal.

Pero, ¿qué hace que nosotros postulemos a un cargo en la Municipalidad; qué motiva a las personas que durante varios periodos nos hemos re postulado en el servicio público como concejal; porqué insistir en un cargo, donde la crítica fácil, nos condena y desprestigia?

Cuando observamos lo que está pasando en nuestra realidad política, donde cada grupo quiere obtener pequeñas ventajas sobre sus adversarios, los que somos elegidos por la voluntad popular, para ejercer cargos de representación en el mundo municipal, renegamos muchas veces de estos estereotipos, que se instalan en otros niveles de la política. De hecho, muchos de nuestros vecinos, no están deliberando sobre la cosa pública, y nosotros tampoco preguntamos por sus inclinaciones políticas a la hora de escuchar y orientar, en nuestras escasas facultades.

La realidad de los concejos municipales en Chile, es muy diversa. Primero existen brechas económicas entre municipios del primer mundo y otros que son precarios, dependientes y aislados; respecto a la formación de los mismos concejales, las fisuras aún son más grandes entre municipios que cuentan con apoyo de profesionales en áreas jurídicas, financieras y territoriales, y otros, donde el concejal debe, como dice el poeta Nicanor Parra “rascarse con sus propias uñas”.

Y esta diversidad es la que nos coloca en la disyuntiva como país para enfrentar de una vez y para siempre el tema de la formación de los concejales. En nuestra comisión de concejales de la AChM, durante mucho tiempo hemos hablado de una escuela de formación municipal, que acredite a los concejales, luego de un periodo donde sean electos; además, hemos reiterado la necesidad de capacitarnos y actualizarnos, respecto a temas que cruzan el quehacer municipal y que son dinámicas jurídicas y financieras que sin conocimiento hacen que muchas veces “nos pasen gato por liebre”.

Finalmente, y a la hora de evaluar a los concejales debo decir, que no hay otra autoridad elegida por la voluntad popular que no esté más legitimada que nosotros. En la base social, las personas comunes y corrientes nos escuchan y nos creen. En qué otra esfera del quehacer político se puede decir lo mismo…



Sobre WordPress