Editorial: Delitos en la Iglesia: Sólo es posible el perdón después que actúe la justicia y se conozca la verdad

Después de una semana con históricas revelaciones en la que el Papa en persona pidió perdón, por los abusos sexuales que han cometido sacerdotes en Chile, el tema continúa marcando la agenda nacional.

Le pidió la renuncia a los obispos, tras escuchar a las víctimas de Karadima, pero la acción vaticana otra vez se quedó en un punto muerto, tal vez la buena intención papal se quedó corta y esta semana se conocieron nuevos casos de abusos, que hacían urgente  una acción inmediata, y esta vez la cabeza de la iglesia quizás haya perdido una oportunidad de demostrar caridad y misericordia, a miles de fieles que día a día se han encontrado con la soberbia y altivez de obispos y sacerdotes que aún insisten en que  los verdaderos ofensores son “las víctimas”.

Uno de los mayores problemas que se suscitan ante las denuncias de abusos sexuales en la iglesia es que las víctimas concurren a efectuar las denuncias en las propias instancias de la iglesia, lo que provoca que estas denuncias sean silenciadas,  y en muchos casos hasta eliminados los antecedentes que se presentaron como prueba.

Una persona que es víctima de estos abusos debe presentar en primera instancia a la Justicia, a la Fiscalía, o a las Policías, los antecedentes que posea y exigir una investigación formal, y con las garantías procesales que provee el Estado de Derecho imperante en nuestro país, ese es el único camino posible para que  de existir estos delitos sean sancionados de acuerdo a la Ley.

De este modo son muchos los casos que durante años han quedado relegados al sufrimiento interno de las víctimas quienes han debido sobrellevar sobre sí y sus familias el peso de estos abusos, y en muchos casos con heridas físicas y psicológicas que no les han permitido una vida digna, con el dolor constante de saber que los abusos continúan.

Pero hay quienes con valentía han denunciado, las víctimas de Karadima, los Laicos de Osorno y otros, grupos que se han organizado y han planteado un frente de defensa común, que ha permitido golpear las puertas de las altas esferas vaticanas. No hay que olvidar que fue el propio Papa en nuestro país, quien pidió “pruebas”, dando una muestra inequívoca de que su visión del problema no era correcta.

Todos los católicos de Chile tienen claro ese punto, pero falta acción del Estado, para sentar las bases para corregir de una vez esta problemática, hay que recordar que la iglesia posee una amplia presencia en el sector educación, con colegios, institutos y universidades. Tal vez no sería un mal planteamiento imitar la acción australiana de crear una comisión que investigue estos echos  a un alto nivel, una forma que permitiría conocer a fondo la verdad.

Por otro lado los poderes del Estado deberían tomar acciones en la misma línea, investigar todas las denuncias, delimitar los echos, identificar a los culpables, y sancionar los delitos.

La iglesia en la historia ha cometido muchos abusos de poder, apartándose de su misión evangélica, basta con recordar a las miles de personas que terminaron sus vidas en la hoguera, por haber negar la verdad de la iglesia, miles de hombres y mujeres, sobre cuyas muertes se forjó un verdadero imperio, que es dirigido sin contrapeso desde Roma, por un sólo hombre que sin ser Dios, maneja las conciencias de miles en todo el mundo, el que quiere creer que crea, pero hoy es el momento de volver sobre nuestras propias mentes y buscar la libertad de pensamiento, en nuestra sociedad cada vez más plural, con más oportunidades de cultura, y con una apertura que debe necesariamente provocar en algún momento un Chile más honesto, inclusivo y real.

 

 

 



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